LA SOLIDARIDAD
La solidaridad es una palabra de unión. Es la señal inequívoca de que todos los hombres, de cualquier condición, se dan cuenta de que no están solos, y de que no pueden vivir solos, porque el hombre, como es, social por naturaleza, no puede prescindir de sus iguales; no puede alejarse de las personas e intentar desarrollar sus capacidades de manera independiente.
La solidaridad debe ser desarrollada y promovida en todos sus ámbitos y en cada una de sus escalas: debe mirar tanto por el prójimo más cercano como por el hermano más distante, puesto que todos formamos parte de la misma realidad de la naturaleza humana en la tierra.
El hombre, social por naturaleza, debe de llegar a ser, razonada su sociabilidad, solidario por esa misma naturaleza. ¿Para qué somos sociales si no es para compartir las cargas, para ayudarnos, para crecer juntos? La solidaridad es algo justo y natural; no es tarea de santos, de virtuosos, de ascetas, de monjes, de políticos; es tarea de hombres.
La solidaridad debe ser en todas las personas una constante. Ser una realidad diaria, debe ser parte inamovible de nuestros actos diarios, debe convertirse en hábito, en virtud, en modus vivendi. La solidaridad no es una serie de actos aislados encaminados a ayudar al prójimo, es una actitud personal, una disposición constante y perpetua de tomar responsabilidad por las necesidades ajenas.
Extraído de un texto por Francisco García-Pimentel Ruiz
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